Badiou
Cuando la filosofía ya había postulado su fin inexorable, cuando ensayaba una y otra vez su propia terapéutica con respecto a ese fin, cuando conjugaba los distintos modos en que la experiencia del fin puede ser atravesada, cuando dormía el sueño de su historia consumada y extenuada por el trabajo de examen filológico de su tradición, cuando lidiaba con su espectro culpable, cuando ya solo habitaba en la academia y el saber enciclopédico, ese saber que como una profesión más, no interpela a la vida en sus apuestas decisivas. Fue entonces que un acontecimiento, como una excepción en el estado de situación de los siglos XX y XXI, emergió un deseo de filosofía. Sigue leyendo




