Seminario de doctorado: “Intersecciones discursivas: psicoanálisis y política. Problemáticas contemporáneas, neoliberalismo y subjetividad.”

Prof. Jorge Alemán, Dra Clara Schor-Landman, Lic. Fabiana Rousseaux, Daniel Freidemberg

Trabajos Monográficos

Guido Arditi

En el presente trabajo no entenderemos al Capitalismo como meramente un sistema económico-productivo, sino que lo pensaremos también como un modo de organizar la cultura; capaz de generar marcos de conducta, encuadramientos mentales, y toda “una organización cognitiva de la vida que se corresponde con el modo de producción[1], pues concidimos con Giddens en que “todos y cada uno de los fenómenos ‘económicos’ son al mismo tiempo fenómenos sociales, y la existencia de un determinado tipo de ‘economía’ presupone un determinado tipo de sociedad[2].

El mundo económico globalizado en el que vivimos resulta cada vez menos previsible, y es por eso que, en nuestros días “el porvenir del individuo depende cada vez menos de su propia previsión y cada vez más de las luchas nacionales e internacionales libradas por los colosos del poder[3], tal como ejemplifica Drucker de manera magistral:

Un hombre puede ser el mejor laminador del país. Pero si el laminado del acero cambia y deja de ser un proceso manual para convertirse en un proceso mecánico, o si el único taller de laminar de su comunidad se traslada a quinientas millas de distancia, se acabó su trabajo, no importa cuán buen obrero sea[4].

Así, las trayectorias profesionales se tornan volubles, sin empleos fijos ni caminos profesionales confiables. El mercado laboral toma un carácter cada vez más fluido; las habilidades y competencias adquiridas no garantizan ningún tipo de estabilidad futura, pues pueden pasar a la obsolescencia en cualquier momento y sin previo aviso. Esto genera un sentimiento de fragilidad respecto a las propias conquistas y posición social, al propio lugar en el mundo. La independencia pierde así su base económica, y el ámbito de acción y decisión del individuo se ve mermado. En fin, los hombres y mujeres contemporáneos se encuentran, por un lado, sin saber qué es lo que va a ocurrir, y por el otro; con escaso, si no nulo, poder para modificar esta situación.

Es por todo esto que “el estilo de producción actual requiere mucha más flexibilidad que nunca en el pasado[5]; pues este constante cambio de las exigencias requiere un estado de adaptación permanente. Como dice Bauman, hoy en día “la habilidad que necesitamos adquirir en primer lugar y principalmente es la flexibilidad”[6].

Sin embargo, se da la paradójica situación que, ante esta coyuntura en la que los sentimientos de impotencia e incertidumbre no hacen más que crecer; tiene lugar una responsabilidad total en la propia autocreación, autoconstitución y autoafirmación. Ahora tenemos que ser nuestros propios demiurgos, debemos erigirnos en nuestros propios puntos de referencia en el mundo de la personalidad.

Coincidimos con Drucker en que la empresa es la institución más representativa de nuestra sociedad, y por ello es la que marca la pauta; en tanto “las creencias, valores y promesas que están llevándose a cabo en la institución representativa son las creencias y promesas verdaderas de una sociedad; constituyen su carácter y su orden[7]; sus principios y normas son las que determinan el carácter general de nuestra sociedad. De la misma forma en que el capitalismo se impone a escala planetaria como sistema mundial, la propia lógica empresarial termina por, en primer lugar, subsumir a otros modos de existencia a sus dictámenes, y, tras esto, expandirse a la totalidad de los ámbitos de la vida. El tipo subjetivo por ella propiciado es el que ha de imponerse en todos los ámbitos de la vida; afectando incluso la forma en que los individuos constituyen y establecen su relación consigo mismos; adoptando como modelo aquello que en este punto ya constituye su matriz cognitiva; a saber, la empresa y el mercado.

Los criterios empresariales se convierten, -parafraseando a Protágoras-, en la nueva medida de todas las cosas; al punto en que el propio “hombre moderno se ha transformado en un artículo; experimenta su energía vital como una inversión de la que debe obtener el máximo beneficio[8]. En esta etapa de la historia, las personas comienzan a manejarse de manera gerencial para consigo mismos, buscando la maximización de su propio rendimiento y capital humano. Todo cuanto se haga tiene que servir para incrementar el capital personal; la mismísima existencia es juzgada a partir del criterio empresarial hegemónico; el del crecimiento, que termina por erigirse en una presión interiorizada a elevar siempre la apuesta, a apuntar a más; y este mandato debe ser obedecido compulsivamente, imposibilitándonos a vivir y ver la vida de otra manera.

El valor de la vida, -sea la propia o ajena-, se mide en términos del éxito; el cual consiste en el valor de uno mismo en el mercado. Así, los sujetos posmodernos, haciendo un paralelismo del superego freudiano, introyectan los poderes externos, estableciendo la lógica del rendimiento como práctica y política de vida.

Vale aclarar que este empresario de sí no se trata de alguien que tiene una empresa, sino meramente de un individuo que se maneja a sí mismo como consistiendo él mismo en su propio capital; y esta misma ideología termina funcionado en principio como propulsora y propagadora de la eficacia y continuidad del propio sistema económico imperante; pues tal como dice Jorge Alemán; el botín de guerra del Capitalismo son las subjetividades.

A partir de aquí se hace manifiesto que, pese a su origen sistémico, esta autoinfligida opresión no es considerada a modo de una coerción externa, sino que, muy por el contrario, hombres y mujeres se someten a ella con gusto; considerándola parte de sus deseos personales o elecciones más íntimas. Este es un claro ejemplo en el que la subjetivación conviene al sistema económico imperante, en la cual lo sujetos se explotan a sí mismos sintiéndose en libertad. La dominación es introyectada, ya no es externa y opresiva sino que deviene interna y constitutiva. Como dice Jorge Alemán, he aquí “la ‘violencia sistémica’ del régimen de dominación neoliberal: no necesita de una forma de opresión exterior[9]

Si bien esta lógica del rendimiento y obtención del máximo beneficio se trata de una pauta comportamental propia del ámbito empresarial; esta expande su campo de acción hacia todos los ámbitos de la existencia. Pues los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a la vez que persiguen el máximo rendimiento, también persiguen el máximo goce; es decir, son también los gestores de su propia satisfacción. Así, la otra cara del mandamiento del rendimiento propio de la ideología imperante, es el de disfrutar, en todas las maneras posibles; el autoexplotarse también en la obtención del goce, optimizando la totalidad de la existencia y sus posibilidades en términos de obtención de placer. La felicidad entonces deviene un imperativo con todo el carácter y la tipología del deber; paradójicamente, deviene una orden compulsiva que obliga y somete.

Sin embargo, esta autodisciplina, esta sujeción voluntaria, no sería posible si los sujetos no estuviesen invadidos por el pánico; tal como dice nuestro autor, “no puede producirse en otro ámbito que en uno donde uno sienta que está todo puesto en duda, todo puesto en crisis, donde nadie sabe cuánto va a durar en un país, en un trabajo, en una relación[10]. Sólo es posible en “un mundo donde todo se erosiona, donde todo se ha vuelto precario, donde todo se ha vuelto líquido -como dicen algunos-, donde no hay ningún lazo social que se sostenga, donde no hay ninguna autoridad que lo proteja[11]. Por toso esto es que este síntoma del empresario de sí no es la única consecuencia de la precarización de la existencia, sino que también sucede que con este vaciamiento del sujeto, actualmente nos hemos quedado con un último y único datum, que no es otro que la certeza fenomenológica de la existencia, de la experiencia. Las sensaciones o vivencias son ahora el último reducto de certeza indubitable, y por lo tanto, el centro y eje mismo de la vida posmoderna; tal como dice Beck, hoy en día “uno presiente que no hay alternativa al experimentalismo existencial[12].

La conjugación del impostergable deber de ser feliz con el experimentalismo existencial que menciona Beck, genera que los sujetos, dada la incertidumbre imperante, abandonen la apuesta existencial en pos de la adquisición de estabilidad y seguridad, justamente porque comienza a ser pensada como riesgosa, -sino directamente imposible-, por lo que poco a poco se va socavando la racionalidad que sustentaba al sistema.

Es a partir de aquí que en algún punto se nos presenta la posibilidad de pensar una salida a esta situación; pues desde esta mentalidad es que se genera la obsolescencia programada por parte del propio empleado; que cada vez se encuentra menos dispuesto a malgastar su existencia en trabajos que no le resultan placenteros; pues este gerente de sí contabiliza también sus pérdidas y ganancias de goce y satisfacción. Así, paradójicamente, la mentalidad empresarial termina viéndose crecientemente presente en el ámbito de la vida personal por sobre el laboral; y el trabajo mismo comienza a verse cada vez más subsumido y condicionado por la lógica de la obtención del goce; la permanencia dentro de la trituradora de carne capitalista tiene ahora fecha de vencimiento.

Se nos ocurre que quizás desde aquí podría pensarse una salida al trabajo alienado, ya no desde una revolución, producto de una resuelta y consensuada decisión, generada a partir de una toma de conciencia de sí por parte de un determinado estamento del sistema productivo; sino a partir de un cúmulo de decisiones que, -si bien son de raigambre estructural-, son individuales, y en ese sentido van en sintonía con el modo de vida capitalista, porque se trata de un individualismo de masas que apuntan en una misma dirección.

[1] Thompson, E., (1992), Folklore, Antropología e Historia Social. Entrepasados. Revista de Historia. Año II, 2. Buenos Aires.

[2] Giddens, A. (1977), El Capitalismo y la Moderna Teoría Social, Barcelona, Labor, p. 45.

[3] Horkheimer, M., (1973), Crítica de la Razón Instrumental, Buenos Aires, Sur, p. 150.

[4] Drucker, P., (1954), La Nueva Sociedad, Buenos Aires, Sudamericana, p. 125.

[5] Horkheimer, M., (1973), Crítica de la Razón Instrumental, Buenos Aires, Sur, p 106.

[6] Bauman, Z., (2009), El Arte de la Vida, Paidós, p. 85.

[7] Drucker, P., (1954), La Nueva Sociedad, Buenos Aires, Sudamericana, p. 224.

[8] Fromm, E., (2012), El Arte de Amar, Buenos Aires, Paidós, p..139.

[9] Alemán, J., (2016), Horizontes Neoliberales en la Subjetividad, Buenos Aires, Grama, p. 16.

[10] Alemán, J., (2016), Horizontes Neoliberales en la Subjetividad, Buenos Aires, Grama, p. 130.

[11] Alemán, J., (2016), Horizontes Neoliberales en la Subjetividad, Buenos Aires, Grama, p. 35.

[12] Beck, U., (2008), La Sociedad del Riesgo Mundial, Buenos Aires, Paidós, p.21.

 

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