Seminario de doctorado: “Intersecciones discursivas: psicoanálisis y política. Problemáticas contemporáneas, neoliberalismo y subjetividad.”

Prof. Jorge Alemán, Dra. Clara Schor – Landman, Lic. Fabiana Rousseaux, Daniel Freidemberg

Trabajos monográficos

Juan Manuel Alcaraz

“Interrogantes en torno a las condiciones de posibilidad de una voluntad colectiva: demanda social y dimensión del deseo en el dispositivo neoliberal”

Introducción

En el presente se propone repensar la constitución de un colectivo, de rasgo emancipatorio, a partir de las concepciones articuladas por Ernesto Laclau, fundamentalmente desde Gramsci y Lacan en su desarrollo de “La razón populista”, teniendo en cuenta la suplementación a partir de la elaboración de Jorge Alemán en su propuesta desarrollada como “Soledad: Común”, luego del trazado de la “izquierda lacaniana”, puntos que ha desarrollado a lo largo del presente seminario.

 

Laclau y la conformación de identidades populares

Laclau parte de una concepción de la realidad como constituida por discursos, lo cual inmediatamente lleva la paradoja en torno al leguaje y su acercamiento a Lacan al considerar que lo simbólico no puede recubrirlo todo, teniendo como límite a lo real. Este punto implica que es lo simbólico aquello que deberá representar la realidad, pero a su vez, se encuentra con la imposibilidad de hacerlo por completo. De esta forma se presenta a lo social como imposible de ser totalizado, permaneciendo un resto. Aquí es posible introducir lo que Laclau llama la unidad mínima para su análisis, es decir, la “demanda social”.

Como se señaló de forma previa, lo social presenta siempre un resto heterogéneo, lo que implica que no hay orden o institución que pueda satisfacer cada demanda que en dicho campo se presenta, por lo que, sin tener algo en común, permanecen al margen del status quo imperante. Estas demandas insatisfechas por el orden vigente en su condición “diferencial”, comenzarán a tener, por ello mismo, una relación “equivalencial”. Para que dicha cadena termine por conformar una identidad popular, una de dichas demandas deberá adquirir cierta centralidad con respecto a las otras,  constituyéndose como un “significante vacío”, lo cual constituye la operación hegemónica.

Esta es la forma en que la totalidad fallida, agujereada, encuentra a partir de su imposibilidad, una posibilidad de representación. La operación hegemónica asume dicha imposibilidad de representar la totalidad de lo social, donde el significante vacío otorga un nombre a la ausencia.

 

Demandas insatisfechas y deseo

En este punto es necesario introducir una objeción realizada por  Alemán a partir de la noción de goce, entendida como más allá del principio de placer. Esto mismo es introducido en relación a las “demandas insatisfechas”, ya que las mismas podrían gozar de dicha posición de insatisfacción, por lo que no necesariamente participarían de una “cadena equivalencial” que divida el campo social en dos, constituyendo una frontera antagónica. Si bien Laclau señala que no necesariamente una demanda no satisfecha participará de un antagonismo, el concepto de goce complejiza el panorama.

¿De qué forma una demanda insatisfecha por el orden vigente, podría articularse para la conformación de un antagonismo social?

Debido a esta problemática es que Jorge Alemán propone pensar a dichas demandas en términos de deseo,  en tanto “(…) constituye precisamente el vacío que las demandas circundan en la repetición de sus vueltas, porque ¿No es en todo caso el deseo decidido el que puede posibilitar la verdadera matriz de una voluntad colectiva?” La constitución de esta matriz remite a su caracterización de “lo inapropiable”, aquello que la lógica del capital no puede capturar. Esto último también implica necesariamente referirse a qué es lo que caracteriza al neoliberalismo, anticipado por lo señalado por Lacan como discurso capitalista, cuya estructura se emparenta además con la conceptualización de la Técnica Heideggeriana.

 

Discurso capitalista y dispositivo neoliberal

El discurso capitalista que Lacan sitúa, implica una modificación en términos lógicos del discurso del amo, donde el $ pasa al lugar del agente y el S1 al lugar de la verdad, lo cual conlleva la forclusión de la falta, donde el resto siempre es reabsorbido, y todos los lugares estan conectados, situando así su condición de ilimitado e imposibilitando su corte (ya que no presenta un exterior). Esto mismo es señalado por Alemán como un “contradiscurso”, siendo este, el soporte del neoliberalismo, dispositivo cuya particularidad es la producción de subjetividad bajo la modalidad del “empresario de si mismo”, es decir aquel sujeto que rige su vida como una empresa.

La producción de subjetividad remplaza y radicaliza el lugar que se le otorgaba a la alienación marxista, entendiendo que ya no se trata de una parte extrañada de si, sino de una producción desde dicho dispositivo. El mismo, por las características que fueron señaladas, produce una nueva relación entre la falta y el exceso de goce, relanzando siempre el circuito, “Pues el capitalismo relanza esa producción de la falta como insaciabilidad incesante, como carencia en demasía, que conlleva siempre exceso en el rendimiento del sujeto, haciendo una producción de si mismo, sin la experiencia del vacío (…)”. Esto mismo, su circularidad, es lo que Freud anticipaba en “El malestar en la cultura” en torno al super yo, ubicando que la conciencia moral surge a partir de la renuncia, indicando que cada renuncia reclama otras aún mayores, es decir la demanda de goce por parte del super yo.

Los aportes en torno al neoliberalismo permiten volver sobre la dimensión del deseo en la lógica de las “demandas insatisfechas”, así como la noción de “lo inapropiable”, ya que introduce otro orden diferente al del goce, que se encuentra en el resorte mismo de la producción y captación neoliberal.

 

Condiciones de posibilidad para una voluntad colectiva

Es en este marco que podemos repensar las condiciones de posibilidad para una voluntad colectiva, que a su vez tena un signo emancipatorio.

Aquí puede destacarse un señalamiento de Laclau, donde indica a modo ejemplificador, que la extracción de la plusvalía no constituiría un antagonismo por si misma, “(…) para que exista un antagonismo es necesario que el trabajador se resista a dicha extracción”. La condición destacada, la necesidad de que “se resista” da cuenta primeramente de como tanto el capitalista como el trabajador participan del plus de goce, es decir gozan en dicha posición. Por otra parte, permite la introducción del orden del deseo, el resistirse como “deseo decidido” que permita otra posición distinta a aquella que lo amarra al engranaje neoliberal. Desde este punto es que puede pensarse “lo inapropiable”, como aquella brecha constitutiva del sujeto que no pudo colmarse, es decir que no esta dentro de la lógica de la mercancía, de lo que puede intercambiarse.

Finalmente este desarrollo lleva a aquella figura del “santo” que Alemán extrae de Lacan, referida como posibilidad para habitar dentro del dispositivo neoliberal, dado que logra un exterior a la lógica de los bienes (extimidad). La misma señala “(…) cuantos más santos haya nos reiremos, es mi principio, o sea la salida del discurso capitalista, la que no constituiría un progreso si solo lo es para algunos”.  Siguiendo los lineamientos presentados hacia la figura del santo, puede pensarse otra relación entre el sujeto y el objeto a, distinta al plus de gozar relanzado en el circuito neoliberal, sino como causa en relación al deseo, “(…) no algo que ya estuviera inscrito en los circuitos de la demanda, sino algo en donde el sujeto estaría requerido por la dimensión del deseo.” Deseo como resto en relación a la demanda, como lo que no es del todo capturado, aquello articulado pero no articulable.

“La risa” que Lacan señala en relación a la plusvalía marxista, aquí puede pensarse referida al a como causa, remitiendo a su vez a lo colectivo, donde no sería un progreso si solo fuera para algunos, permitiendo retomar desde laclau aquella parte que reclama ser el todo, la operación Hegemónica. El mismo señala como “la plebs”  (menos privilegiados) necesita reclamar ser “el populus” (cuerpo de ciudadanos), una parcialidad que funcione como totalidad, construcción que parte de un Universo agujereado, que se diferencia del “para todos” partiendo de la hegemonía como articulación de elementos heterogéneos.

De esta forma se intenta volver sobre los planteos de Laclau y Alemán para pensar un colectivo que, aun ante la imposibilidad de pensar un afuera del neoliberalismo, posibilite prácticas emancipatorias desde dentro de dicho dispositivo.

A su vez, anudado los puntos anteriores que en si constituyen un interrogante, queda como pregunta la contingencia que parece caracterizar a la posibilidad de colectivizar los elementos más singulares de un sujeto, y de igual forma, el contacto de aquello mismo con lo que Alemán nombra como “saberes en reserva” en torno a experiencias anteriores de carácter emancipatorio, líneas que permiten pensar aquello que va de la insistencia a la permanencia.

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Laboratorio de Ideas. Espacio de Pensamiento: Heidegger

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Seminario de doctorado: “Intersecciones discursivas: psicoanálisis y política. Problemáticas contemporáneas, neoliberalismo y subjetividad.”

Prof. Jorge Alemán, Dra. Clara Schor- Landman, Lic. Fabiana Rousseaux, Daniel Freidemberg

Trabajos Monográficos

Rosy Goldman

El rasgo peculiar de la sociedad capitalista (desde la economía política) es que en ella la fuerza de trabajo es también una mercancía (…). Pero a diferencia de otras mercancías que satisfacen meramente necesidades humanas, la mercancía que llamamos fuerza productiva tiene la peculiar característica de producir otras mercancías.  (…) A su vez, estas mercancías creadas por dicho trabajo tienen, claro está, valor de uso y valor de cambio, pero el valor de cambio que éstas tienen siempre es superior al valor de cambio que tiene la fuerza productiva que las ha creado (al salario). A esta diferencia se le llama plusvalía y es el beneficio del capitalista. Sin este beneficio no habría sociedad capitalista.

Carlos Marx

“Otro síntoma exhibido por nuestros conciudadanos del mundo no nos ha sorprendido ni espantado menos, quizá, que el hundimiento, que tan dolorosamente sentimos, de su elevación ética. Aludo a la falta de penetración que se advierte en las mejores cabezas, a su tozudez, su inaccesibilidad para los argumentos más evidentes y su credulidad acrítica hacía las aseveraciones más discutibles.”

Sigmund Freud en “De guerra y de muerte”, 1915

“El plus-de-goce es función de la renuncia al goce por efecto del discurso. Esto es lo que da su lugar al objeto a. En razón de que el mercado define como mercancía cualquier objeto del trabajo humano, sea el que fuere, este objeto lleva en sí algo de la plusvalía.
El plus-de-goce es, de este modo, lo que permite aislar la función del objeto a”.

Jacques Lacan: Fragmento de “De la plusvalía al plus-de-goce”, del Seminario “De un Otro al otro”.


Me atrevo a utilizar la “primera persona” -tal como lo propone Jorge Alemán-, pero en este caso para implicarme como sujeto dividido, atravesada por un vacío de saber, al que intentaré aproximarme, a sabiendas que sólo podré acercarme a atrapar sólo un no-todo del mismo. Seguramente muchas quedarán por fuera de este escrito

Pretenderé a su vez hacer una articulación con la situación actual (2016) de la Argentina, atravesada por el relato neoliberal.

En mi recorrido he tenido dos paradigmas que me guiaron: la economía política marxista que me permitió hacer una lectura en los primaverales y, a la vez, trágicos años setenta y ante el fracaso rotundo y sangriento de aquella propuesta. Tiempo después, contingentemente tuve un encuentro con el psicoanálisis que me permitió advenir a otro saber. A lo que no he llegado aún es a una articulación entre ambos saberes –después de la perplejidad sufrida tras las elecciones de noviembre de 2015- para poder entender los efectos en el sujeto del nuevo discurso capitalista, el neoliberalismo, -con el cual tiene diferencias-, que tiene una gran injerencia en la lógica imperante en nuestro país y en la mayor parte de Latinoamérica.

Me tomo la libertad de equiparar, no sin riesgo de equivocarme, “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, afirmación -y nombre de un libro- de Lenin, con el neoliberalismo. Salvando las diferencias obvias, y que las coordenadas históricas son distintas, los efectos son similares: globalización, colonización, imperio de los grandes capitales y la imposición de modelos económicos y culturales en los llamados “países subdesarrollados” en esa época y “países emergentes” actualmente. Veremos si la comparación es acertada.

Es así como la pregunta de Jorge Alemán me inspira desde el hoy, lo que también intento descifrar tomando el guante de sus preguntas: ¿Qué puede aportar el psicoanálisis a la política y qué puede aportar la política al psicoanálisis? Es por esto que fui causada por el seminario de Doctorado, “Intersecciones discursivas: Psicoanálisis y Política. Proble-máticas contemporáneas, neoliberalismo y subjetividad”, dictado por Jorge Alemán, Clara Schor-Landman y Fabiana Rousseaux.

El Marxismo:

Para Carlos Marx es constitutiva la teoría de los modos de producción social. La categorización de cada modo de producción requiere que las relaciones económicas se definan como un tipo de relación social, específicamente: entre los hombres respecto de las cosas, y de los hombres entre sí. Valiéndose de la dialéctica de Hegel, Marx la utiliza para transformarla en materialismo histórico, afirmando que cada formación social específica cuenta con unas determinadas relaciones de producción y, a la vez, un grado especial de desarrollo histórico de las fuerzas productivas materiales. Combinadas con las fuerzas productivas, las relaciones de producción constituyen un modo de producción históricamente específico.

En el corazón de las relaciones de producción capitalista, las clases sociales vienen determinadas por el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. La lucha de clases es protagonizada por la burguesía, propietaria de los medios de producción (capital, fábricas, máquinas, transportes, etc.) y por el proletariado que, al disponer únicamente de su fuerza de trabajo, se ve obligado a venderla a cambio de un salario que escasamente sirve para satisfacer la supervivencia; las clases dominantes se apropian de la porción de la producción del valor agregado que suma la mano de obra del proletariado misma (llamada plusvalía, que constituye el valor extra del que se apropia el capitalista del valor agregado). De esa relación no cabe esperar sino el antagonismo y la hostilidad entre explotados y explotadores. De este modo el sujeto se cosifica y pasa a ser una mercancía más.

Los intereses de ambas clases son antagónicos e incompatibles y conducirán inde-fectiblemente al enfrentamiento. A medida que el capitalismo vaya desarrollándose el número de obreros se incrementará, lo que unido al deterioro de sus condiciones de vida, conducirá a la revolución y a la desaparición del capitalismo.

Aquí, habría que hacer una salvedad muy importante: Cuando imperaba esta teoría en los años 70 se daba por sentado que el proletariado sería el “sujeto histórico” –nominación posterior de Jorge Alemán- que llevaría a cabo la revolución y destrucción del capitalismo. Esto no fue así aunque se tuviera la convicción y se esperaba que sí lo fuera. Esta derrota costó 30.000 desaparecidos.

Estos 30.000, -tomando a Fabiana Rousseaux-, con la que acuerdo, es el nombre de lo innombrable. Jorge Rafael Videla, con total cinismo, afirmó: “Son una entidad, no están ni vivos ni muertos”. Esto produce diversos efectos: duelo no por muertos, sino por desaparecidos. En el caso de que estuvieran muertos, se podrían escribir y medir pero al estar desaparecidos, no se escribe, es un real imposible de circunscribir. El sujeto requiere una escritura de este horror en su subjetividad.

Me permito citar a Luis Eduardo Duhalde, que en su texto El ex detenido-desaparecido como testigo de los juicios por crímenes de lesa humanidad: una aproximación al tema” nos plantea: “Este compromiso, este riesgo asumido por el testigo, repercute sobre el testimonio mismo que, a su vez, significa algo diferente de una simple narración de cosas vistas; el testimonio es también el compromiso de un corazón y un compromiso hasta la muerte. Pertenece al destino trágico de la verdad”.

Además me parece interesante la diferencia que establece Rousseaux, entre:

  • Gestionar el daño: donde existe la lógica del sujeto que testimonia ante el Poder Judicial, exigiéndole la verdad objetiva, apuntando a reparar, o sea volver al estado anterior, como si esto fuera posible.
  • Política del dolor, donde se rescata al sujeto en su singularidad, en la cual la pregunta es: ¿Cómo aplicar leyes universales para todos los que estaban en la misma situación pero con singularidades diferentes? Si el daño es permanente no se repara ni se restituye.

Ante esto hubo dos posiciones de los damnificados: algunos aceptaron porque si se podía producir la restitución de restos se permitiría un duelo no patológico y otros no aceptaron porque esto implicaría ratificar que estaban muertos, no desaparecidos.

Estas mismas posiciones se repiten cuando desde el Estado, causante previo del Terrorismo de Estado, ofrecen indemnizaciones. Muchos de los sobrevivientes de ese genocidio se negaron a cobrarlas, registrando la imposibilidad de volver las cosas al estado anterior a los inenarrables hechos ocurridos y en desagravio a que sus desaparecidos tenían precio.

En esta lógica se tiene en cuenta que hay cosas que no se pueden escuchar, lo inapropiable por lo Simbólico, el no-todo de la verdad, dicha sólo a medias (J. Lacan).

A diferencia del discurso jurídico, el discurso analítico escucha las letras que nadie lee. Jamás sus vidas hubieran sido igual si eso no hubiese sucedido.

La culpa y el superyó tienen una injerencia no medible en cada sobreviviente. Sólo la narrativa, la poesía, el chiste, el arte, el cine (es decir lo simbólico) pueden salirle al cruce al superyó.

Narrar para que advenga algo nuevo. Reinventar con lo simbólico para “saber hacer” con lo Real.

Juan Gelman, con su hijo, nuera y nieta desaparecidos, hizo muy bellamente uso de lo Simbólico (poesía) para hacer algo con ese Real interminable e insoluble del dolor y el genial poeta uruguayo Mario Benedetti.
Estas visitas que nos hacemos, vos desde la muerte,

Yo cerca de ahí, es la infancia que pone un dedo sobre el tiempo.

¿Por qué al doblar una esquina encuentro tu candor sorprendido?
¿El horror es una música extrema?

¿Las casas de humo donde vivía el fulgor que soñaste?
¿Tu soledad obediente a leyes de fierro?

La memoria te trae a lo que nunca fuiste.
La muerte no comercia.
Tu saliva está fría y pesás
menos que mi deseo.

Poema de Juan Gelman a su hijo Marcelo

“Narrando nuestra oscuridad, se ve claramente la vida”.

Juan Gelman

Cuando empezaron a desaparecer como el oasis en los espejismos

a desaparecer sin últimas palabras

tenían en sus manos los trocitos de cosas que querían
están en algún sitio / nube o tumba/están en algún sitio / estoy seguro

allá en el sur del alma

es posible que hayan extraviado la brújula

y hoy vaguen preguntando preguntando dónde carajo queda el buen amor

porque vienen del odio

“Desaparecidos”Mario Benedetti

Aquí me gustaría articular lo dicho hasta ahora con lo que, generosamente, nos transmitió Clara Schor-Landman.

La psicoanalista parte de la afirmación de que no hay psicoanálisis aplicado sin clínica y vincularlo con la batalla cultural vigente.

Aquí me parece ineludible reflexionar sobre el pensamiento de Jorge Alemán: la batalla cultural no puede excluir el tema de la salud y el uso del leguaje, porque corromper el lenguaje es corromper la salud y lo que hace el neoliberalismo es corromper el lenguaje con el tema del cinismo y ese empobrecimiento de la capacidad referencial de la lengua, entonces hemos mencionado que lo nuestro específicamente está en el lenguaje, la batalla cultural es a través del lenguaje”.

La clínica, en su materialidad conceptual, estaba empezando a circular por fuera del consultorio fuertemente. Eso también tiene algo de incidencia sobre los psicoanalistas que va al revés ahora. ¿Qué incidencia tiene la cultura, los movimientos políticos, los hechos traumáticos políticos sobre el psicoanálisis? No podemos olvidar que primero estuvo aquel movimiento que decía que después de Auschwitz no se podía pensar sin el psicoanálisis.

Se pueden establecer dos sujetos del lenguaje: uno con el psicoanálisis (que se refiere a lo Simbólico) y otro que se relaciona con las letras (poesía, relatos, cuentos, en fin lo Simbólico). En un punto se encuentran al final de la enseñanza de Lacan con El synthome”.

La práctica epistémica y la clínica están unidas por la política. “El inconciente es político” corresponde a una clase dictada por J-. Miller en el marco del Departamento de Psicoanálisis VII. Al respecto me interesa destacar: “Hoy no parece abusivo plantear que no hay sociedad sin política y que, correlativamente el inconsciente es político, que es lo que Lacan elabora en aquellos años. Después de haber probado que el inconsciente se produce en la relación del sujeto con el Otro, pasaba a demostrar que se realiza en la relación con el Otro sexo, y encontró precisamente en ese camino la ausencia de relación sexual y la interposición del objeto a”.

Dos cuestiones tomo de este condensado extracto: el inconsciente es político y la política es el inconsciente.

El 1° indica que no hay sujeto sin cultura, ni cultura sin política; por lo que el inconsciente es político, es decir, el inconsciente existe con la cultura, depende de ella. El sujeto se estructura políticamente o su estructura se logra a partir del Otro

En 2° término, la política es el inconsciente. Nos recuerda que el psicoanálisis se funda en el inconsciente y consecuentemente hace de ello su política.

Es necesario tener presente la indicación de Lacan en “Función y campo de la palabra y el lenguaje: “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de la época”, el analista debe estar a la altura de la subjetividad de su época, y allí el analista debe advenir.

En la actualidad el neoliberalismo fabrica subjetividades a través de los medios de comunicación, aliados con el Poder Judicial, las corporaciones y el gobierno de turno. Con este objetivo se vale de las fracturas, los resquicios, las “grietas”.

Para realizar esto intenta cegar los tres “no hay” que plantea el psicoanálisis dentro de “malas noticias” que nos trae: la castración, el Sujeto, y el amor.

Dentro de las premisas del neoliberalismo se constata un reemplazo de la política del sujeto por políticas de gestión, “con los más eficaces equipos de la historia”. El sujeto queda reducido a la “mentalidad”, en un cerebro, o sea se lo limita al organismo, con el incesante aporte de la ciencia

Clara Schor-Landman nos recuerda que Jorge Alemán transforma la expresión de Freud sobre “El malestar en la cultura”, por el “malestar del neoliberalismo”. Este implica burocratización, con la que se formatea al sujeto del liberalismo.

La pregunta es ¿Cómo es el malestar en la cultura neoliberal?

La cultura neoliberal se mantiene en un equilibrio inestable.

Siguiendo los efectos que produce la pulsión, la psicoanalista remarca que:

  • La pulsión, en su recorrido permanente, y el superyó constituyen el obstáculo mayor a este equilibrio. Tengamos en cuenta que la renuncia es la auténtica satisfacción pulsional.
  • Por otra parte, al negar el amor y la felicidad por no ser medibles, también se establecen como un estorbo difícil de sortear.
  • Las promesas de “felicidad” (en campaña) son inconsistentes ya que la misma sólo es una búsqueda y es fugaz. Hoy la “felicidad” es una obligación, pero tiene un inconveniente al menos, no es medible lo que hace que se escabulla al discurso capitalista.

Transitamos una época donde no existe el “NO”. En este punto, Lacan modifica la pulsión al contabilizar pérdidas y ganancias de goce (es decir, plus de gozar). Lacan afirma: “Hay que perder para ganar”, “O la bolsa o la vida”. En este punto “No-todo goce es posible”. Al pensar la pulsión como economía política y como economía del goce, a través de la experiencia del análisis, da la posibilidad de lograr un “saber hacer” con la pulsión, con el goce.

En cambio para Freud, que aplicaba el modelo de la física, la cantidad debía ser exacta. Había que domesticar la pulsión. A diferencia de Lacan, utilizaba la lógica del Todo.

Lacan, apuesta a la economía política, guiándose por la lógica del no-todo, que implica la contingencia que puede descompletar al Todo. Tomaba en cuenta las probabilidades no las exactitudes. Lo imposible regía para los otros cuatro discursos, en cambio el discurso capitalista niega la imposibilidad. Todo goce es posible.

El neoliberalismo se vale de los desarreglos pero se enfrenta con las contingencias y la pulsión del sujeto que no deja de insistir. Sin embargo, en la producción de subjetividades neoliberales se vale del más de goce (plus de gozar), utilizando el mandato superyoico que, tal como lo indicara Lacan en el Seminario XX, “Aún”, empuja al goce en exceso.

En cuanto a lo que puede aportar el psicoanálisis en este punto es una búsqueda del Sujeto del Inconsciente singular, despejando el imperativo de goce.

La autora también ilustra las distintas maneras que el Sujeto vive el superyó. La transmisión simbólica es sin vergüenza ni pudor; tampoco propone Ideales. Con el mandato del Superyó las prácticas de goce son eventuales.

Desde el psicoanálisis ¿cómo intervenir? Me parece importante hacer uso de lo que nos propone Alemán: Me parece importante diferencias “lo producción de subjetividades y la singularidad irreductible: “una cosa es la lógica del Neoliberalismo, que produce subjetividades y otra es la propia constitución del sujeto por lalengua, construcción que se inaugura antes del nacimiento del sujeto. Constituyen una “la diferencia absoluta.” A mi criterio es a esta diferencia absoluta a donde debe apuntar la experiencia analítica.

La lógica que se debe utilizar es la del no-todo en contraposición al Todo vale del neoliberalismo en tanto empujar a goces perversos, sádicos (predominando la pulsión de muerte en todas sus variantes, hasta las más terroríficas como los atentados indiscriminados, con muertes incomprensibles, por la segregación imperante y los intereses económicos de las corporaciones que no tienen límite a la hora de asesinar a mansalva, transformando el mundo en una guerra sin fin).

Recogiendo las afirmaciones de Gramsci, el poder no sólo oprime, sino que fabrica consensos, establece la orientación subjetiva y produce una trama simbólica que funciona de un modo invisible, naturalizando las ideas dominantes, y esconde su acto de imposición; entonces se entra en una especie de adormecimiento, en un “no está tan mal esto, no exageres” el poder necesita siempre una dimensión donde se oculte como poder.

Al negar los “no hay” mencionados se construyen subjetividades bajo el supuesto de “si hay”, formateando subjetividades en las que no rige el “no hay”: no hay tarea imposible, creer en nosotros mismos, empresarios de sí mismos, sin necesidad de la intervención del Estado. El postulado vigente es: A más liderazgo, más felicidad, más liderazgo, más salud. La felicidad se logra a través del liderazgo y de la empresa.

Otro aporte interesante que nos brinda Clara Schor-Landman es articular las mediciones constantes (evaluaciones, estadísticas, etc) y la narrativa.

Enlaza osadamente, a mi criterio, estas dos variantes con los “NO HAY” que afirma el psicoanálisis:

  1. Adecuación entre el S/ y el objeto (esto planteado por Freud)
  2. Realidad objetiva
  3. Verdad absoluta

En cambio “SI HAY”:

  1. Contingencias
  2. Imposibles
  3. Invenciones

Con el “NO HAY” hay que inventar “SI HAY”.

Desde Freud, no hay relación pulsión-deseo. Sí hay relación odio-amor-deseo.

Lacan, por otra parte, dice que el amor es cultural (seminario 10), que el amor no es sin el otro. El amor cumple una función de “hacer condescender el goce al deseo”.

En el discurso capitalista se niega el amor que permitiría el lazo del goce de uno con otro goce. El amor es un obstáculo para el capitalismo porque no se puede medir.

¿Cómo se libra el capitalismo del amor? Mediante su reverso: el odio, que se inculca hacia un supuesto enemigo anterior que hay que combatir, para volver a la retrógada concepción de que “todos los políticos son corruptos”, “Hay que destruirlos” que, por lo general, se propusieron instituir un proyecto nacional y popular que combatía los intereses de las grandes corporaciones a favor de los sectores populares.

Aquí vale introducir la reflexión de Jorge Alemán: “El odio y el rencor se mezclan en el psicoanálisis; conjuga la agresividad narcisista, el odio por el goce del otro que se apropió del que se supone que me correspondía, y el trabajo sordo y voraz de la pulsión de muerte. En esta amalgama ha surgido un odio más logrado en la producción de subjetividades, más difícil de contrarrestar culturalmente. Ya no es el individualismo ni el egoísmo, ahora hay muchos candidatos a destruirse a sí mismos con tal de destruir a los otros”, 

Lo que borra el discurso neoliberal es la narrativa, lo simbólico singular que otorga a cada sujeto la posibilidad de extraerse de este formateo neoliberal; construye sujetos sin historia, sin memoria.

Me resultó sumamente atractivo el aporte del poeta Daniel Freidenberg, cuando afirma que la poesía nunca alcanza a decir todo. Esto se puede vincular con los dichos de Lacan que alega: “La verdad es no-toda, sólo se puede decir a medias”.

En este sentido su aporte es muy valioso y se articula con las otras docentes, al aseverar, ejemplificando con el brillante poeta Juan Gelman, de quien afirma que escribe con lo que la palabra no dice, canta incompletamente; es decir, no informa algo contable, medible.

Esto me remite nuevamente a Lacan que enuncia la conocida fórmula de “l’Etourdit” de la siguiente manera: “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha”.

O sea seguimos sosteniendo también en la poesía que no hay una inscripción de la “no relación sexual” en el lenguaje. Sólo puede bordear lo Real, pero siempre algo se escapa.

Lacan por su lado, no cesó, a lo largo de su enseñanza, de interrogar el estatus de la poesía en su relación a la teoría analítica. Así desde su segundo seminario 2, “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”, encontramos esta notación: “(…) los poetas, que no saben lo que dicen, sin embargo siempre dicen, como es sabido, las cosas antes que los demás”. Toma entonces una fórmula de Rimbaud para ilustrar su idea: Yo soy otro. Lo que importa en esta frase es que Rimbaud fue el primero en decirla, antes que los psicoanalistas en todo caso. La pregunta es la de saber ¿qué permite al poeta adelantarse? Notemos primero que hay algo de hablante para todo ser humano por poco que él sea sensible a la poesía; y una segunda dimensión epistémica que la teoría analítica vino a esclarecer. Resulta que hay un saber del significante que es del analizante, y un saber de lo real que se deja captar por el poeta. En el Seminario sobre Las psicosis (1955-56), encontramos la perspectiva siguiente: “La poesía es creación de un sujeto que asume un nuevo orden de relación simbólica al mundo”.

Jorge Alemán lo plantea de la siguiente manera: “La poesía cifra cosas que me permiten entender mejor lo que ocurre, incluso aunque carezca de sentido”. 

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte. “

“El juego en que andamos” Juan Gelman

 

Irrupción del Neoliberalismo: 

“…la crisis, no del discurso del amo, la del discurso capitalista que es el que lo sustituye, está abierta. No les digo en absoluto que el discurso capitalista sea débil, tonto, al contrario es algo locamente astuto ¿verdad? Muy astuto, pero destinado a reventar, en fin es el discurso más astuto que se haya jamás tenido.”

Jacques Lacan. Conferencia en Milán, mayo de 1972 

Si somos homogéneos no somos democráticos, somos totalitarios. La democracia por definición es profundamente heterogénea.

Lo heterogéneo es lo que va a demostrar si hemos construido un proyecto nacional y popular.”

“Mucho tiempo se habló del lenguaje y la subjetividad”.

Cristina Kirchner con universitarios en La Plata 21-9-16

“Aquí es donde entra mi propia versión de la Hegemonía, que a diferencia del poder homogeneizante del neoliberalismo, siempre es heterogénea, contingente y frágil. La asimetría es evidente, y obliga a volver a pensar las lógicas emancipatorias”.

Jorge Alemán

De un modo prerreflexivo, intuí que si algo no se puede significar y se presenta a nosotros con una opacidad radical y a la vez, sin saber por qué, nos concierne, esto exige que intentemos ponerlo en palabras o por escrito o narrarlo para alguien.

“El aprendizaje de saber perder”. Jorge Alemán

Argentina diciembre de 1015

Luego de 12 años de un proyecto inclusivo, no revolucionario, pero con un objetivo claramente apuntando a un capitalismo menos salvaje, con alojamiento de los sectores más vulnerables, –por múltiples causas aún no dilucidadas) Multitud de soledades (modos de saber hacer con el modo de gozar de cada uno) singulares deambulaban desamparadas, sólo regidas por la Ley de Hierro neoliberal que se había impuesto de forma cruel y abrupta, sin velo. Lo único que se esbozaba era una promesa atemporal de felicidad ficcional, (“a cambio del sacrificio infinito”, -significantes que no estaban incluidos en el discurso de campaña, pero que ocultos resignificaban el argumento falaz) que ni siquiera alcanzaba con su emisor inconsistente. Era necesario que esta promesa se repitiera hasta el hartazgo por los medios de comunicación concentrados para que se produjeran subjetividades que no sólo creyeran en ella sino que además la eligieran. Promesas omitidas que eran inconfesables a la hora de “hacerse votar”.

Por otra parte, cabe aclarar que la antigua teoría de Freud en “Psicología de las masas y el yo” ni sus identificaciones propuestas, no se cumplían en el neoliberalismo. La denominada líder-conductora de las masas, a pesar del clamor popular, no acudía a la cita. Se imponía inventar otra salida. Siguiendo la propuesta de la construcción del líder de Jorge Alemán: “al líder que emerge como el resultado de un proceso instituyente de vocación emancipatoria… El líder es la prueba de existencia de dicha voluntad y su nombre propio, no sólo no domina el proceso de construcción, pues está atravesado por el mismo, sino que posibilita la resignificacion de la articulación simbólica del proyecto. En este sentido, incluso se “usa” al líder para ir más allá de él mismo… (sospecho que parafraseando a Lacan: “ir más allá del padre a condición de servirse de él”.

Otra afirmación del autor me resulta imprescindible para poder pensar en un proceso emancipador: Custodiar orgánicamente al líder instituyente es proteger el nudo donde aún se puede articular un nombre propio no producido ni domesticado por los medios”.

Luego de un largo período (¿17 meses es mucho o poco?) de soportar maltratos, despidos masivos, caída escabrosa de la calidad de vida, transferencia incalculable a los sectores más poderosos y destrucción revanchista de todo lo construido que rememorara al discurso que se enfrentaba firmemente al capitalismo salvaje (ejemplo paradigmático “los derechos adquiridos” en la “década ganada” o “herencia pesada”, según desde qué lado de la grieta se colocara), lo común de estas singularidades autoconvocadas, se hizo presente bajo una consigna unificada “no podemos pagar”, que es una forma clara y contundente de decir NO a la demanda insaciable de un Superyó al que jamás se podrá satisfacer con ningún sacrificio más. Este superyó, que definía Lacan en el Seminario Aún como el que “manda a gozar” está íntimamente imbricado en el discurso capitalista que reniega de la castración y de lo imposible, por lo cual su demanda exige todo tipo de sacrificio sin un límite, menos aún por la promesa falsa de una felicidad incumplida, aunque apostara a ella con su voto. Ni los “libros de autoayuda” logran crear al “empresario de sí mismo”, que, por no poder concretarlo, cae en una depresión, padecer frecuente en estas épocas.

Este sujeto formateado por las presiones mediáticas, jurídicas y políticas de gestión, también se presenta bajo la forma de servidumbre voluntaria, creyendo en el slogan utilizado en la década del 90: “Vamos mal, pero estaremos mejor”.

Sin embargo Alemán se pregunta: “¿si esta fábrica de subjetividad toca el núcleo mismo de la constitución del sujeto, lo que sería un crimen perfecto y la propia destrucción, a largo plazo, del ser humano que conocimos, o si hay una imposibilidad estructural para realizar el crimen?”.

No habría que desaprovechar este momento bisagra que podría desencadenar un “otro futuro” en el que se incluyera las diferencias.

En este punto acuerdo plenamente con la reflexión de Jorge Alemán: “La referencia clave, es el kirchnerismo. Ha sido la posibilidad de vislumbrar otro país. Lo que me preocupa es cómo, cuándo y de qué forma se va a plantear su nueva estructura organizativa. No basta con hablar de “empoderamiento “, o de construir de abajo hacia arriba; hay que definir la forma de la organización, su conducción y el liderazgo que asuma el legado para llevarlo a un nuevo lugar.

El neoliberalismo es una política que se basa en lo medible, el control, que nada escape a la lógica de la totalidad controlable”.

Para concluir, es interesante agregar aquí una cita de Lacan en “El malentendido” 10-6-80 donde explicita claramente el estatuto del no-todo: “Si creen que todo puede revelarse, pues bien se engañan: todo no puede. Esto quiere decir que una parte nunca se revelará.. En cuanto al psicoanálisis, su hazaña es explotar el malentendido. Con una revelación al final: el fantasma”.

 

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Seminario de doctorado: “Intersecciones discursivas: psicoanálisis y política. Problemáticas contemporáneas, neoliberalismo y subjetividad.”

Prof. Jorge Alemán, Dra. Clara Shcor- Landman, Lic. Fabiana Rousseaux, Daniel Freidemberg

Trabajos Monográficos

Nancy Crasnich

“Sostenemos una hipótesis, existen palabras que transitan por diferentes campos discursivos que se las pueden considerar llaves de acceso para leer construcciones de sentidos.

Lo fundamental es que son palabras que ofrecen claves de lectura, de una epistemología política que da indicios de cómo la política construye órdenes de racionalidad y cómo el orden de racionalidad construye políticas.”

A partir de estos párrafos, que pertenecen a la Introducción de Programa del presente Seminario, subrayaremos algunas de las palabras escuchadas, pronunciadas y pensadas durante las horas de trabajo y en torno a ellas.

Estas palabras se han ido constituyendo en verdaderas claves de una construcción, que se trama con el proyecto y el deseo de escribir una Tesis que, esperamos, irá iluminando el pensamiento propio en su mismo trayecto.

A partir de la lectura de los textos de Alain Badiou, recortamos la siguiente idea:

“Propongo la siguiente definición abstracta: Una situación es filosófica, o es ‘para’ la filosofía, cuando impone la existencia de una relación entre términos que, en general o para la opinión establecida, no pueden tener una relación.

Una situación filosófica es un encuentro. Un encuentro entre dos términos esencialmente extraños, uno respecto del otro. Términos que no tienen entre sí, una medida común.”[1]

La ausencia de medida común puede ser leída en términos de imposibilidad lógica o registro Real desde la concepción psicoanalítica.

El recorrido trazado durante el Seminario ha hecho foco en numerosas formulaciones acerca del encuentro con lo imposible. Encuentros que ninguna racionalidad puede recubrir por completo.

Es en este mismo sentido que Jorge Alemán, emulando la propuesta de Martín Heidegger en De camino al habla[2], se vale, por ejemplo, de recursos gramaticales como los dos punto (Soledad: Común) para señalar en acto la imposibilidad de una predicación acerca del ser, la imposibilidad de nombrarlo todo.

Las formalizaciones del Psicoanálisis tampoco lo recubren todo.

Cuidaremos muy bien la fidelidad a esta afirmación con el propósito de eludir toda tentación de transformar al Psicoanálisis en una cosmovisión.

Si bien es de uso frecuente el término Psicoanálisis aplicado, en estas líneas preferiremos el criterio de las intersecciones discursivas, propuestas por el propio Alemán, ya que, creemos, refleja con más claridad la operación de descompletamiento de las teorías.

Como se ha sostenido en la clase inaugural, analizaremos el contenido de algunas intersecciones y destacaremos la existencia de intersecciones vacías, de puntos de desencuentro que son los verdaderos encuentros con la imposibilidad.

La presentificación de lo imposible justifica una terapéutica y una política capaces de soportarlo y exige una ética de las decisiones

En su texto Inhibición, síntoma y angustia, Freud sostiene: “Yo no soy en modo alguno, partidario de fabricar cosmovisiones” [3] (pp.90-91).

La construcción de intersecciones discursivas nos remite a la operación spinoziana de composición de cuerpos o de ideas y al concepto heideggeriano de vecindad. La perspectiva que aportan estos términos puede resguardar al pensamiento de la tentación de medir todas las producciones desde una teoría única, lo que supondría una cierta superioridad y la factibilidad de hablar de cualquier campo a partir de uno solo que se ofrezca como referente o medida universal. Esto estaría bastante cerca de constituirse en una cosmovisión.

Algunas veces, a nuestro criterio, la crítica psicoanalítica realizada sobre formulaciones de otros campos, se acerca peligrosamente a esa postura.

Lacan propone una teoría sobre el lazo social[4] que no se refiere estrictamente a “lo social” en términos sociológicos y tampoco es una teoría de los vínculos, pero puede habilitar una lectura política, ya que esclarece ‘cómo funcionan las cosas’ bajo diferentes órdenes discursivos.

Las formalizaciones acerca de lo imposible, lo Real y la incompletud de todos los sistemas que ha sido aportada por Lacan, puede considerarse un verdadero acontecimiento para el pensamiento y es, tal vez, uno de los puntos de encuentro más ricos con la filosofía, la política y también con la ciencia.

En el Libro 20 de su Seminario, Lacan afirma: “…lo que constituye el fondo de la vida, es que en todo lo tocante a las relaciones entre hombres y mujeres, lo que se llama colectividad es algo que no anda.”[5]

En una primera lectura, encontramos aquí un pronunciamiento decidido acerca de la imposibilidad de lo colectivo. ¿Equivale esto a afirmar la imposibilidad de la política?

A su vez en el Tratado político de Spinoza leemos: Si dos personas se ponen de acuerdo y unen sus fuerzas tendrán juntas más poder, y por consiguiente, un derecho superior sobre la naturaleza que el que tiene cada una de ellas por separado; y cuanto más numerosos sean los hombres que pongan sus fuerzas en común, tanto mayor será el derecho de que dispongan”[6]

Como sabemos, Lacan fue un cuidadoso lector de Spinoza y derivó de esa lectura muchos conceptos vinculados a su concepción sobre el deseo y la ética.

Sin embargo aquí parece haber una discordancia. Lo colectivo, el ‘nosotros’, lo común, son puntos que nos presentan con alguna opacidad si lo pensamos estrictamente desde el psicoanálisis.

No hay relación sexual pero la gente se empareja, la colectividad no anda, pero las personas se reúnen, se organizan, militan, hacen política, etc.

Preguntamos ¿Cómo sucede que funcione algo que no existe? ¿Cómo fundar una teoría sólida que soporte esta aparente contradicción, esta intersección vacía?

Se impone una pregunta que concierne a la política en tanto pensamiento de lo colectivo: ¿Qué es lo que hace comunidad, lo que puede pensarse bajo el nombre de ‘lo común’?

Jorge Alemán sostiene que lo único común es la soledad[7]. Esta afirmación resuena en la etimología del término Monasterio, comunidad de solos, institución que además puede considerarse el antecedente muchas instituciones modernas como el Hospital y la Escuela.

Para dar curso a estas interrogaciones hemos apelado a la ya clásica diferencia política que indica una escisión de la idea tradicional de política, e introduce el concepto de lo político, a fin de distinguir la dimensión “ontológica” de la sociedad, referida a la institución de la sociedad, de las prácticas “ónticas” de la política convencional.

Por otra parte, nos proponemos reflexionar sobre la relación entre política y poder, y entre política y Estado.

Partiremos de la afirmación de una discontinuidad básica entre la dimensión ontológica y la óntica, como hipótesis para leer algunos impasses de las teorías y los edificios conceptuales.

Esta afirmación nos permitirá sostener una torsión paradigmática -que habilita el psicoanálisis en tanto terapéutica-: el pasaje de la impotencia a la imposibilidad.

La alternancia Todo/No todo es dramáticamente diferente a la de Todo/Nada.

Si bien excede los objetivos y la extensión del presente informe, referiremos brevemente la inquietud de continuar la lectura de la propuesta del Seminario y sus docentes. En particular a partir de la teoría Política de Ernesto Laclau. Las criticas y objeciones realizadas sobre la teoría de Alain Badiou (uno de los referentes teóricos de nuestra Tesis) nos han resultado sumamente inspiradoras y alientan la lectura y la argumentación[8].

Consideramos que, tratándose de pensadores decididos, tanto Laclau, como Badiou y el mismo Aleman[9], proponen construcciones sólidas y valiosas pero también agujereadas por lo imposible estructural. Es en ese sentido que, lejos de rivalizar, las ideas permanecerán dialogando, generando encuentros y también intersecciones vacías, mucho después de que el Seminario concluya.

Para finalizar, la presentación de la Lic. Fabiana Rousseaux nos ha permitido reflexionar sobre la temporalidad de las intervenciones políticas.

En “El señor A”, Lacan establece su posición al respecto:

Vayan. Júntense varios, péguense unos a otros el tiempo que haga falta para hacer algo y disuélvanse después para hacer otra cosa.

…De donde se deduce que durará por lo temporario, quiero decir – si uno se desliga antes de quedar tan pegado que ya no pueda salirse”[10]

El carácter temporario de los colectivos y las políticas, y la incompletud de todos los sistemas, lejos de desalentar la práctica política nos esclarece y nos alienta a continuar.

Creemos que corresponde la pregunta acerca de dónde sedimenta aquello que tiene la propiedad de lo temporario. Si seguimos a Badiou, diremos en el sujeto fiel al acontecimiento, en cualquier caso y con cualquier teoría apostamos a la marca que el Acto político deja en la historia y el los sujetos. Al menos eso decidimos pensar.

En definitiva, decidimos habitar poéticamente la política.

¿Para qué ser poeta en tiempos de penuria?[11] Para asestar un golpe certero a la impotencia (contracara de la potencia toda) que requiere el discurso capitalista a fin de continuar su marcha sin tropiezo. Para ofrecer resistencia militante a los poderes que nos necesitan tristes.

Bibliografía
Alemán, J. (2012). Soledad: Común. Políticas en Lacan. Buenos Aires: Capital intelectual.
Alemán, J. (2016). Horizontes neoliberales en la subjetividad. Buenos Aires: Grama.
Badiou, A. (2005). Filosofía del presente. Buenos Aires: Libros del Zorzal.
Freud, S. (1926[25]). Inhibición síntoma y angustia. En Obras completas. Tomo XX. Buenos Aires: Amorrortu
Heidegger, M. (1987) De camino al habla. Barcelona: Serbal.
Heidegger, M. (1960). ¿Por qué ser poeta? En Sendas perdidas. Buenos Aires: Losada
Lacan, J. (2004). El reverso del psicoanálisis. Seminario, Libro 17. Buenos Aires: Paidos.
Lacan, J. (1981).La función de lo escrito, P. 44. En Aun. Seminario, libro 20. Buenos Aires. Paidos.
Lacan. J. (1989). Señor A, P. 26. En Escansión. Nueva serie. Buenos Aires. Manantial
Spinoza, B. (2005). Tratado político. (P 44). Buenos Aires: Quadrata
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[1] Badiou. A. (2005). Filosofía del presente. Buenos Aires: Libros del Zorzal.
[2] Heidegger, M. (1987) De camino al habla. Barcelona: Serbal
[3] Freud, S. (1926[25]). Inhibición síntoma y angustia. En Obras completas. Tomo XX. Buenos Aires: Amorrortu.
[4] Lacan, J. (2004). El reverso del psicoanálisis. Seminario, Libro 17. Buenos Aires: Paidos.
[5] Lacan, J (1981).La función de lo escrito, P. 44. En Aun. Seminario, libro 20. Buenos Aires. Paidos.
[6] Spinoza, B. (2005). Tratado político. Buenos Aires: Quadrata. (P 44)
[7] Alemán, J. (2012). Soledad: Común. Políticas en Lacan. Buenos Aires: Capital intelectual.
[8] Muy especialmente la idea de infinito en la teoría de Badiou. El autor, además de filósofo es matemático y propone una utilización del concepto de infinito que, a nuestro criterio, permite operar con lo que imposible desde el punto de vista lógico. Basado en el infinito cantoriano, sostiene que para operar con el infinito es preciso dar un salto (saltar los puntos suspensivos). Hemos encontrado una resonancia muy similar entre este concepto y el ‘momento de concluir’ que Formula Lacan en su Escrito Tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada” y el concepto de Acto .Consideramos que en estas conceptualizaciones se pone en juego una ‘ética de las decisiones’ ante el encuentro con lo imposible de una operación sin riego y sin resto.
[9] Alemán, J. (2016). Horizontes neoliberales en la subjetividad. Buenos Aires: Grama.
[10] Lacan. J (1980). Señor A, P. 26. En Escansión. Nueva serie. Buenos Aires. Manantial
[11] Heidegger, M. (1960). ¿Por qué ser poeta? En Sendas perdidas. Buenos Aires: Losada
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